Una de las muchas triquiñuelas que las empresas utilizan a la hora de contratar talento es preguntar al candidato “¿cuánto te pagan en tu trabajo actual?”, o “¿cuáles son tus expectativas salariales?”, sin atreverse antes a desvelar cuánto está dispuesto a pagar la empresa, con el loable propósito (desde el punto de vista empresarial) de ofrecer sueldos a la baja y ahorrarse unos euros.

Alguien podrá argumentar que no hay dos candidatos iguales y que el sueldo depende de la capacidad de cada uno, pero yo me pregunto: Si la persona cumple todos los requisitos para realizar el trabajo, ¿por qué no le pagas lo que habías presupuestado? Si no los cumple, ¿por qué le contratas?

Construir equipos de trabajo con gente de responsabilidad similar y salarios dispares es un problema que tarde o temprano sale caro para todos. En empresas de corte tecnológico, donde el talento está muy cotizado, el riesgo al engañar a un candidato valioso puede ser aún más letal.

Por si fuera poco, este fenómeno creo que perjudica especialmente a perfiles con menor representación en sectores tecnológicos, lo cual contribuye a crear un entorno endogámico donde todo el mundo piensa igual y actúa igual. La tecnología es el motor de la sociedad actual y crear una tecnología-sociedad más humana solo es posible incluyendo al mayor número de gente posible en su construcción.

Estoy convencido que las empresas que ponen las cartas sobre la mesa desde el principio ayudan a reducir desigualdades entre individuos de distintos grupos, retribuyen el trabajo de cada persona de manera más justa y generan dinámicas positivas en el equipo a largo plazo.

Por último, decir que en TNW no somos perfectos. Una de mis responsabilidades es la contratación de ingenieros para el equipo de desarrollo (formado en la actualidad por un 100% de hombres blancos), y estamos implementando cambios para ser lo más transparente posible con los salarios que ofrecemos para cada oferta de trabajo.

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